El Extraño Incidente Del Aeropuerto
Es un hecho contrastado el que afirma que nuestra forma de percibir nuestro mundo influye poderosamente en los resultados que podemos obtener. Ya lo decía Henry Ford cuando afirmaba:
“Si piensas que puedes, tú puedes. Y si piensas que no puedes, también tienes razón”
Es por ello, que tu forma de pensar influye notablemente en los resultados que consigas. Nuestra forma de pensar y de concebir la realidad que nos rodea se basa en paradigmas.
Un paradigma es una extraña y complicada palabra que la solía escuchar en las clases de filosofía en mi juventud. Sin embargo es un concepto fácil de entender, si te lo explican son sencillez. Paradigma es simplemente el modelo o patrón en el que se basa cualquier disciplina científica y por extensión cualquier rama del saber o de percibir la realidad.
Esta sería una definición típica, pero una historia personal que me sucedió en un aeropuerto, te puede explicar mejor que significa este oscuro concepto y la importancia que tiene para tu éxito.
En el 2005 asistí a un seminario intensivo de marketing en Internet en Denver, Colorado. 
Este seminario, dirigido por Ken Calhoun, fue una experiencia muy enriquecedora. Creé relaciones con las que todavía no he perdido el contacto y que me han sido muy útiles para el éxito de mis proyectos en Internet.
Sin embargo el día del regreso, en el bonito aeropuerto de Denver, Colorado, me ocurrió una experiencia que todavía recuerdo y con la que aún me sigo asombrando.
Presta atención porque la historia es muy curiosa.
Mientras esperaba mi vuelo de regreso, mi estomago empezó a hacerse notar y la sensación de hambre pasó de ser un mero rumor a convertirse en algo molesto. Así que me acerqué a la tienda más cercana y compré una bolsa de galletas con chocolate. Lo confieso, soy un goloso y el chocolate me hace feliz.
Una vez con la bolsa de galletas en mis manos me apresuré a encontrar un sitio tranquilo para degustarlas. Me senté en una zona despejada del aeropuerto, justo al lado de un venerable anciano que calculo tendría más de 80 años.
La cuestión es que dejé mi bolsa de galletas y mi pequeña maleta en la silla que había entre el anciano y donde yo me senté. Para mi sorpresa, el anciano agarró la bolsa de galletas, la abrió y se comió plácidamente una de ellas.
¿Quién era aquel anciano que tenía el descaro de robarme mis galletas delante de mi cara?…
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